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Las simulaciones les ofrecen a los estudiantes la oportunidad de asumir
el papel de otra persona. Interpretando, por medio del juego de roles, la
perspectiva de algún miembro del Consejo de la ciudad o de algún personaje
literario famoso, los estudiantes aprenden a valorar los puntos de vista.
| Ficha técnica |
| Tema: |
Simulaciones |
| Nivel(es): |
Pre K - 2 |
| Materia: |
Matemática |
| Tecnología: |
- |
NEW BRUNSWICK, Nueva Jersey - En vísperas del Día de la Madre, los
estudiantes del Woodrow Wilson School no tuvieron que recorrer los abarrotados
centros comerciales para buscar regalos a sus mamás. Gracias a una emprendedora
clase de estudiantes de primer grado, pudieron adquirir en su camino a casa,
un fresco ramillete de claveles directamente en la escuela.
La comodidad del cliente fue uno de los factores considerados por estos astutos
y jóvenes comerciantes al trazar su plan de negocios. La docente Marianna Sandor
lanzó el proyecto como un medio para brindar a sus estudiantes alguna experiencia
real en el mundo de los negocios, y para demostrarles cómo se utiliza la
tecnología en una variedad de profesiones.
En primer lugar, los estudiantes de seis y siete años de edad llevaron a cabo un
análisis del mercado. "El ‘mercado’ lo constituirían todos los estudiantes en
nuestra escuela", señala Sandor. "Los niños visitaron las aulas para estimar
cuántos estudiantes estarían dispuestos a comprar una flor por US$3 en una venta
el Día de la Madre."
El centro educativo Woodrow Wilson es reconocido en Estados Unidos por su
excelencia académica, y ha recibido galardones que lo sitúan entre las mejores
escuelas de ese país. Tiene una matrícula de alrededor de 450 estudiantes
multirraciales, y está ubicado en un vecindario central de la ciudad de Nueva
Jersey, conocido como Rutgers Village. Los estudiantes de Sandor hablan una
diversidad de idiomas en casa, incluyendo español, árabe y un dialecto de la
India.
La tecnología jugó un papel a lo largo de cada una de las fases del proyecto,
empezando con las hojas electrónicas creadas por los estudiantes para analizar
la información de su estudio de mercado. "Ellos sabían que ordenaríamos 200
flores, y por eso pronto se dieron cuenta de que las ventas esperadas deberían
exceder esa cifra", explica Sandor.
Armados con un plan de negocios básico, el siguiente paso de los estudiantes
fue confirmar una cita en un banco local. "Aprendieron acerca de intereses y
garantías. Comprendieron que el banco no quería cargar con 200 flores marchitas",
comenta la docente, "por lo cual se dedicaron a buscar algo que pudiera servir
como garantía". Los estudiantes formaron un comité y le solicitaron permiso a
su director para utilizar como garantía una de las cinco computadoras del aula
(él les dio el visto bueno, pero les advirtió "en broma" que su maestra podría
ser despedida si el banco confiscaba la computadora.)
Seguidamente, los estudiantes se embarcaron en una ambiciosa campaña publicitaria.
Aquí la tecnología jugó un gran papel conforme los estudiantes usaban las
computadoras del aula y las del laboratorio de computación de la escuela, para
producir avisos públicos, afiches a todo color y volantes para enviar a casa.
Los estudiantes emplearon una hoja electrónica para llevar un registro de cuántos
volantes debían distribuirse por aula.
Dos días antes de la venta, los estudiantes volvieron al banco. Tal como lo expone
Sandor: "Ellos eligieron dos representantes para firmar el préstamo en nombre de la
clase. El responsable de otorgar los préstamos entrevistó a toda la clase. Cuando
contestaron satisfactoriamente sus preguntas, se les hizo entrega de los US$300 del
préstamo para negocios. Los dos representantes firmaron los formularios, y toda la
clase fue informada de las consecuencias de no restituir el pago. Los niños
aplaudieron cuando se descartaron los intereses". (Los niños desconocían que los
fondos para cubrir el "préstamo" bancario provenían, en realidad, de un cheque
firmado por su maestra.)
Una vez terminados los trámites burocráticos, los niños recorrieron el banco.
"Fueron a la parte posterior de los cajeros electrónicos y observaron el uso de
la tecnología y las computadoras. El gerente les abrió una unidad de cajero
automático y les indicó cómo funcionaba. Vieron los monitores de vídeo que
registran la actividad en el banco. Se les mostró el contador automático de
dinero y ellos mismos contaron US$10.000". Aun más, se les permitió entrar en
la bóveda, luego de aprender acerca de las cajas para depósito de seguridad y
las cerraduras temporalizadas en las puertas. Durante todo su recorrido por el
banco, expresa Sandor, "estuvieron conscientes de las oportunidades de carreras
profesionales en la banca, el uso de la tecnología y la aplicación de las
destrezas matemáticas". Cuando se fueron, cada estudiante recibió como obsequio
una calculadora.
El día anterior a la gran venta, un padre de familia utilizó los US$300
del "préstamo" para recoger 300 claveles en colores surtidos, además de hojas
verdes y envolturas, ordenados previamente por los estudiantes vía fax a una
floristería local. A partir de sus cálculos, los niños sabían que el costo al
por mayor de cada ramillete era de US$1.50. (También, sabían que un precio
minorista de US$3 significaba un ciento por ciento de margen de ganancia.)
Cuando armaban cada ramillete individual y los ordenaban por color, tenían
mucho cuidado de no desperdiciar ninguna flor. "Sabían que cada una de ellas
representaba dinero", apunta Sandor.
El día de la venta, los chicos asumieron las posiciones asignadas: como vendedores,
encargados de suministros y mensajeros. "A medida que se recogía el dinero, se
contabilizaba, y se usó una calculadora para cuadrar el total", indica Sandor.
"Cuando se obtuvieron los US$300, los niños dieron un suspiro de alivio y le
faxearon al banco la noticia de que ya podían restituir el pago del préstamo".
Las ventas fueron tan activas, que los estudiantes debieron reaprovisionar los
suministros al mediodía. Al final del día, habíamos agotado las existencias y
satisfecho a todos los clientes potenciales. "Cuando los estudiantes le aseguraron
a su director que la computadora del aula no iba a ser embargada por el banco",
refiere Sandor, "él les manifestó que estaba muy decepcionado ¡por no haber
podido despedirme!"
Luego, los estudiantes usaron sus calculadoras para determinar las ganancias.
Sandor revisó las cuentas: "Nuestro ingreso bruto fue de US$649. Tenemos que
restituir US$300 por el préstamo, lo que deja una ganancia de US$349". Los
niños decidieron dedicar algo de sus ganancias a un fondo para becas
estudiantiles. "Llamamos al departamento de orientación para las secundarias
de Brunswick, y nos reenviaron las solicitudes de ayuda económica a nuestro
Premio de Empresarios de Primer Grado", relata Sandor. Los estudiantes leyeron
las solicitudes y seleccionaron a un ganador. El beneficiario visitó la clase
en persona, y los chicos de primer grado le obsequiaron tarjetas de graduación
y una pancarta elaborada por ellos mismos utilizando las computadoras de la
clase.
Pero ese no fue el final de su filantropía. Los estudiantes decidieron redecorar
el frente de la escuela con plantas nuevas que seleccionaron en línea. Precio de
dos rododendros: US$65. Eso dejó US$184, suficiente para almorzar en un hotel
cercano de la cadena Hilton. "Por supuesto", dice Sandor, "invitamos a nuestros
banqueros a que se nos unieran". (Los estudiantes también prepararon un
presupuesto. Asumiendo que el almuerzo podría costar US$5 por cabeza, calcularon
que les quedaría apenas lo suficiente para un picnic el último día de clases.)
Ya en el hotel, los estudiantes se mantenían atentos a más tecnología, como por
ejemplo la cascada de agua computarizada que corría sobre una escalinata, para
el deleite hasta de los más perspicaces niños de primer grado.
Para una visión más detallada acerca de la planificación de esta lección y de
los recursos empleados, vea el plan de unidad Iniciar un negocio.
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