En muchas clases, el pensamiento de los estudiantes se evalúa exclusivamente con base en los productos de ese pensamiento. En el caso de las preguntas de selección múltiple o de falso-verdadero presumimos que, si los estudiantes proponen la respuesta correcta, están utilizando buenas estrategias de pensamiento. Ahora sabemos que esto no siempre es así. Por supuesto, el reto es cómo obtener una ventana hacia un proceso que acontece, en primera instancia, dentro del cerebro. Afortunadamente, muchos procesos del pensamiento dejan huellas tras de sí, que no solo ayudan a un docente a comprender cómo está pensando un estudiante, sino que también les permiten a los estudiantes crecer como pensadores. Al examinar los objetos del pensamiento de los estudiantes, tales como las discusiones, los organizadores gráficos y las anotaciones, los docentes pueden aprender mucho acerca de los procesos de pensamiento de sus estudiantes, y pueden usar esa información para tomar buenas decisiones para el aprendizaje individual y en grupo.
Andrade (1999) ofrece las siguientes directrices para ayudar a los educadores, tanto a enseñar a sus estudiantes las destrezas de pensamiento de orden superior, como a evaluarlas:
La evaluación de cualquier destreza de pensamiento de orden superior, requiere de una meticulosa planificación y de una serie de indicaciones. En primer lugar, a los estudiantes debe enseñárseles, a través de una indicación explícita y prácticas extensas, cómo llevar a cabo la destreza. La habilidad en la aplicación de una destreza de pensamiento puede evaluarse de varias maneras, con actividades dirigidas a ciertas destrezas de pensamiento y estrategias, incluso mediante ejercicios con lápiz y papel, así como por medio de la observación.
No obstante, la verdadera prueba de si un estudiante ha aprendido las destrezas de pensamiento enseñadas, es que las utilice espontáneamente en situaciones donde se requieren. Para evaluar el pensamiento en este contexto y obtener resultados, los docentes deben planificar las actividades de aprendizaje específicas que demanden de las destrezas de pensamiento de orden superior por evaluar. Luego, teniendo presentes las destrezas necesarias, los docentes pueden analizar las asignaciones escritas y las bitácoras de anotaciones, así como las interacciones en grupos grandes y pequeños, en busca de evidencia de las destrezas que se pretenden abordar. Conforme los estudiantes hacen visible sus pensamientos a través de la escritura y el habla, surgen palabras claves o preguntas que les revelan distintas destrezas de pensamiento, las cuales le aportan al docente la evidencia de que los estudiantes están empleando las destrezas de manera independiente y efectiva.
Si los docentes advierten que los estudiantes no son capaces de pensar de manera crítica o creativa, ni de resolver problemas o reflexionar en sus propios aprendizajes, es pertinente impartir más formación. Si, por otro lado, los estudiantes tienen la capacidad de ejercer pensamiento de orden superior, pero escogen no ejercitarlo a menos que se les solicite explícitamente que lo hagan, podrían necesitar comprender mejor cómo y cuándo utilizarlo, o bien, reconocer su valor e importancia. Los docentes pueden proveer andamiajes durante tareas complejas que exijan destrezas de pensamiento igualmente complejas, e ingeniarse actividades que ayuden a los estudiantes a distinguir el valor de ese tipo de pensamiento.
Los docentes no deben pretender que sus estudiantes empleen las destrezas de pensamiento de orden superior luego de apenas una lección, ni incluso después de cinco lecciones. Estas destrezas deben ser constantemente reafirmadas y evaluadas a lo largo del año, en una variedad de contextos. En las aulas donde se aprecia el valor del pensamiento de orden superior, hablar sobre el pensamiento forma parte de cada tema y de cada lección. No se trata de: Bien, ahora recibiremos nuestra lección de pensamiento. En su lugar es: Ahora vamos a pensar científicamente, y Ahora vamos a pensar como autores.